Hace nada hablaba por aquí del manoseo que sufre el guión desde que sale de la
impresora hasta que se ilumina la pantalla.
La productora Rosa Longobardi me llamó la atención en el grupo Deguionistas,
recordándome que ese manoseo se llama producción, y era un proceso fundamental
realizado muchas veces por excelentes profesionales. Touché.
Ahora, el Ciclo "Los Guionistas en la Biblioteca Nacional" sienta ante el
micrófono... A un montador.
¿Tocado y hundido? Creo que no. Cierto que un montador creativo es una
presencia recurrente en las pesadillas de muchos guionistas. Ya he contado por
aquí alguna de mis experiencias con los director’s cut, y creo que el adjetivo
que las definiría con más precisión sería, por motivos obvios, “castrante”.
Pero José Salcedo ha firmado el montaje de docenas de películas. Alguien que
tiene tres Goyas, que ha sido nominado en diez ocasiones; que en 1989 acaparaba
tres nominaciones diferentes al Mejor Montaje... Alguien así no manosea. Su
excelencia profesional está fuera de toda duda.
Que el señor Salcedo considere en su conferencia que el montaje es la
“escritura final del guión cinematográfico” podría parecer ofensivo –y me consta
que a algún compañero le ofende, pero estoy seguro que se trata sólo de
retórica.
Todo el que lo piense dos veces, se dará cuenta de que el montaje es, como su
nombre inglés indica, la edición final del guión. El montador puede quitar o
recolocar, a veces de forma decisiva y genial, pero jamás escribir.
(Más en Pianista en un Burdel. Tribulaciones de un guionista español.)
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